Hay días en los que las palabras no alcanzan. Una mala noticia, una despedida, un examen suspendido, una ruptura. Quien está al lado no dice nada: simplemente abre los brazos. Y, durante unos segundos, todo pesa un poco menos.
El abrazo es probablemente el gesto de cariño más antiguo y universal que tenemos. Pero también es el más difícil de enviar cuando hay kilómetros de por medio. ¿Puede un abrazo viajar por una pantalla?
No del todo, y conviene decirlo con honestidad. Pero sí puede viajar lo que lo hace tan poderoso: el mensaje de «estoy contigo». De eso trata este artículo.
Los abrazos aparecen en las pinturas, las esculturas y los textos más antiguos de casi todas las culturas. Abrazamos para saludar, para despedirnos, para consolar, para celebrar y para hacer las paces. Es un lenguaje que entiende cualquiera, sin traducción.
En 1986, un estadounidense llamado Kevin Zaborney propuso dedicar un día a los abrazos. Le parecía que la gente se mostraba poco afecto en público, sobre todo después de las fiestas de Navidad. Eligió el 21 de enero, y hoy ese día se celebra en muchos países como Día Internacional del Abrazo.
En 2004, en Sídney, un joven conocido como Juan Mann salió a la calle con un cartel que decía Free Hugs («abrazos gratis»). El vídeo de aquella iniciativa dio la vuelta al mundo y la idea se copió en cientos de ciudades.
Cuando abrazamos a alguien de confianza, el cuerpo libera oxitocina, una hormona relacionada con el vínculo y la sensación de seguridad. El ritmo del corazón se calma y el estrés baja.
Un estudio de la Universidad Carnegie Mellon, dirigido por el psicólogo Sheldon Cohen y publicado en 2015, observó algo sorprendente: las personas que recibían abrazos con frecuencia y se sentían apoyadas enfermaban menos al exponerse a un virus del resfriado en momentos de estrés.
Se atribuye a la terapeuta familiar Virginia Satir la frase: «Necesitamos cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho para mantenernos y doce para crecer». Quizá las cifras no sean exactas, pero la idea sí lo es.
Vivimos rodeados de mensajes y, aun así, muchas personas pasan días sin un gesto de cariño. La distancia, el trabajo, la soledad de las ciudades grandes o simplemente la timidez hacen que el abrazo escasee. Cuando no se puede dar en persona, al menos que no se quede sin decir.

No hace falta resolver nada. A veces lo que alguien necesita es saber que lo has notado: «No sé qué te pasa, pero aquí tienes un abrazo».
Para hijos que estudian fuera, padres que viven en otra ciudad o amigos que emigraron. Un abrazo virtual un domingo cualquiera dice «me acuerdo de ti» sin necesidad de motivo.
Después de una discusión, el orgullo a veces impide dar el primer paso. Un abrazo virtual con una frase de pedir perdón puede abrir la puerta a la conversación pendiente.
Cuando alguien pierde a un ser querido, las palabras se quedan cortas. Un abrazo virtual sereno, sin frases hechas, acompaña sin invadir.
Los abrazos no son solo para consolar. Una buena noticia, un reencuentro o un aprobado también merecen uno, de esos que levantan del suelo.
El mejor abrazo virtual es el que termina en uno de verdad. Escribe en tu mensaje: «Este es a cuenta del que te daré el sábado».
Un abrazo no se compra ni se envuelve, y esa es su grandeza. Su versión virtual mantiene esa esencia:
Y, sobre todo, recuerda que un abrazo virtual no sustituye al de verdad: es un puente hasta que llegue.
En regalos.dedicacionyamor.com puedes enviar un abrazo a quien lo necesita en menos de un minuto:

No siempre podemos estar cuando alguien nos necesita. Pero casi siempre podemos hacerle saber que nos importa. Esa es la diferencia entre la distancia y el abandono.
Piensa en una persona a la que le vendría bien un abrazo hoy. No esperes a tener el motivo perfecto ni las palabras exactas. Envíale tu abrazo virtual en regalos.dedicacionyamor.com y, si puedes, prométele el siguiente en persona.
«Un abrazo dice lo que las palabras no saben decir: no estás solo.»